Qué raro, esto se ha convertido en una especie de bitácora diaria.
Me cuesta levantarme, es una de las pocas cosas que reconozco.
Mientras veo a mi perro esperando que le abra la puerta para que salga a hacer sus necesidades, pienso en que tengo que ir a dar examen, pero a la vez no quiero. Quiero quedarme acostado todo el día.
Desde un tiempo que me cuesta mucho levantarme. Siento que la cama me absorve, que me atrapa y que en las mañanas, apenas suena la alarma, me envenena con más sueño para no despertar.
Creo que no soy el único. El típico "5 minutos más" ya se transformaron en "aah, media hora más, total no tengo nada que hacer", y así reprogramo y reprogramo la alarma sin fin.
Siempre le he tenido un temor a las experiencias nuevas, a la gente nueva que nos plantea nuevos desafíos.
Este fin de semana mis padres se van a un retiro, y resulta que unas parejas serán nuestros cuidadores (aunque ya sepa cuidarme solo), y prepararán una serie de actividades para la llegada de mis padres el día domingo.
Tenemos que escribir una serie de cartas para ellos mientras estén en el retiro, y tengo que ir a buscar unas cartas de los hermanos y de sus padres. Si no fuera por que me gusta conducir, no curzaría Santiago para ir a buscar esas cartas.
Ya, es tarde, debo ir a preparar las cosas. No he estudiado, pero confío en que me irá bien.
Lo malo es que tengo que ir formal. Qué estupidez.
Les dejo una canción que levanta el ánimo en días de flojera extrema.
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